CAPÍTULO 2

Repun Kamuy fue siempre celoso de los visitantes a la tierra de los Ainu y ve como un peligro cualquier cuerpo con vida que se acerque a las islas de Japón.

Cuando la Vimana al fin estuvo cerca de la costa, él ya los estaba esperando.

Rápido y de un solo zarpazo el Dios lanzó un ataque hacia el navío en forma de maremoto.

No había mucho que Tane y Anne pudieran hacer.

Olas gigantes, volcanes en erupción, una ballena asesina. Todo pasaba al mismo tiempo de forma sincronizada y sin darles respiro para recuperarse. Era un espectáculo aterrador, solo pensado para ellos.

Era el principio del fin.

Por más que trataron de salvar la Vimana fue imposible. Cada ola que rompía contra ella le desmembraba un parte, como si se tratara de un cuerpo torturado y mutilado.

El maremoto abrió la tierra bajo el mar y lo que antes era un infinito cúmulo de

agua ahora es un pequeño río que fluye atrapado entre rocas y lava. Por si fuera poco, el poder de Repun Kamuy no solo estaba en orquestar el ataque sino en debilitar el estado consiente de la pareja que, sin darse cuenta, empezaban a entrar en un profundo sueño. Desesperado y tratando de mantenerse despierto.

Ane toma a Anne de la mano y saltan de la Vimana para no morir aplastados entre los restos.

Ya en el río y a la deriva, la corriente los aleja de la costa mientras permanecen en un profundo estado de inconsciencia. Están dormidos.

La certeza de comenzar una nueva vida, se desvaneció cuando el mar les hizo notar su fuerza. La nave, la esperanza y el amor fueron destruidos en un instante.

Ahora eran náufragos, ahora eran sólo restos…